" Hace mucho que los estábamos esperando. Hace mucho que pasábamos con cuidado las hojas cada vez más frágiles de los libros que guardan algunas bibliotecas de Santiago. Siempre había un privilegiado que tenía alguno de ellos y a veces hasta algún recuerdo de aquel hombre pulcro, pausado, de mirada firme y profunda que amaba intensamente a su provincia. Pero la mayoría de las veces sólo eran fotocopias de fotocopias de páginas preciosas sobre las que el tiempo había pasado.
A veces sólo era la cita en alguna monografía o en algún ensayo. Otras, el título de alguno de sus libros en una tesis de licenciatura. O el trabajo de un investigador de nombre extranjero, que anotaba el suyo en un texto de más allá de nuestras fronteras. En todos los casos la palabra de Orestes Di Lullo o lo que él había escrito o había afirmado, estaban allí. Sin ella, quedaba inconcluso el pensamiento y la cultura de esa honda pasión que se llama Santiago del Estero."
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" Un territorio puede ser importante por los recursos que tiene, la riqueza de sus campos, la dimensión de sus montañas, la multiplicación de sus caminos, el caudal de sus ríos, su comercio o su industria. Pero si los hombres de más valía no se apasionan por él, no vale nada. Felizmente Di Lullo fue uno de esos hombres y amó con toda intensidad el cuerpo y el alma de la provincia que había heredado. A ella le dedicó los mejores frutos de su vida, su pasión sin descanso y la invalorable riqueza de sus páginas.
Toda esa riqueza estaba escondida en sus libros guardados en algunas bibliotecas, en fotocopias de fotocopias, en la cita de alguna monografía o algún ensayo, en el trabajo de algún investigador de nombre extranjero que anotaba el suyo más allá de nuestras fronteras. Siempre había un privilegiado que tenía alguno de ellos y a veces hasta algún recuerdo de aquel hombre pulcro, pausado, de mirada firme y profunda que amaba intensamente a su provincia. Pero la mayoría carecíamos de ellos y una generación ávida de esos libros los esperó durante muchos años. Su ausencia nos confirmaba el doloroso olvido que él recordó en tantas páginas y era una afrenta para la cultura de su tierra. Hoy por suerte los tenemos entre nosotros. Hoy por suerte los hemos recuperado."
Dr. José Andrés Rivas (Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Letras)
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